
Yo sí fui modelo!
Desde chica me recalcaron que las cosas se debían hacer correctamente. Y claro, yo siempre fui obediente. Siempre. Pero mi rebeldía no era evidente. Porque si hacemos un chequeo de lo buena y disciplinada niña que fui, la cosa más bien parte así. Mi primer acercamiento al colegio fue en el llamado jardín “Manzanita” y de ese acontecimiento donde tus papas están “chochos”, yo de nada me acuerdo. Tus primeros cuadernos, lápices y las bellas plastisinas, sí están presentes en mi disco duro y recuerdo qué tonterillas no hacía. En fin. Solo sé que mi abuela nunca se olvida de lo coqueta y pituca que era. Y a mi me da risa y al mismo tiempo me fascina. Es que a esa edad [entre 4 y 5 años], no podí creerte modelo y simular que eres capaz de leer revistas de moda. Pero claro, yo sí lo hice. Y aunque cada vez que toda mi familia en tertulias varias se ríen de mis infantiles y añejos actos, yo me siento orgullosa y con ello me doy cuenta que de pendex actuaba diferente. Esto para algunos puede sonar un poco vanidoso. No es egocentrismo, sino más bien es orgullo, ya que pese a estar bajo reglas sumamente conservadoras, yo no me volví loca. Hice caso a ojos cerrados a todos los mandatos. Excepto uno. Pero confieso y entre nos, que para los demás, mi niñez y adolescencia fue lo que es piola. Por lo menos eso se manifestó. Sin embargo pude arreglármelas de todas formas para pasarla bien. Podríamos decir que es como una suerte media oculta que está en mí, por el hecho de salir del paso en la mayoría de las situaciones malas que me ha tocado vivir. O quizás es una protección especial que me fue enviada desde otro lugar. Y sea de donde provenga, me siento contenta de tenerla. Ya me estoy desviando hevy del tema. Mejor sigamos examinando los recuerdos singulares de mi niñez, porque cada vez que hablo con mis friends me dicen que siempre fui una niña tranquila, pero sólo hasta aquel día. Ocurrió en tercero medio, donde la energía ir a Bariloche todas juntas, aumentaba con los meses. Y aunque es un episodio de mi vida que me trajo algunas complicaciones en términos de amistad y provoca en mí gran malestar, me hizo de porrazo madurar y darme cuenta que hay gente que sí se puede dejar embaucar. De aquello no me referiré. Sin embargo la gran consecuencia de las locuras cometidas en la gira de estudios del 4 medio B, fue que nunca más hubo viajes en el Mater otra vez. Eso supe un tiempo después y me cuesta entender que por una mala experiencia, las monjas que siempre destacaron el valor de perdonar, se hayan quedado literalmente “pegadas” con el pasado. Pero ya nada se le puede hacer, porque además del escándalo ético y vergonzoso que exageraron las monjitas, se produjo el quiebre de una gran amistad. De solo acordarme lo doloroso que fue la separación, entiendo mejor que nunca tanto rencor. Antes o en el momento no podía aceptar tanta negatividad. Ahora y luego de algunos años, lo que sí me cuesta comprender es por qué tanto tiempo una persona puede vivir con el mismo dolor. Y eso, no me corresponde a mí reconocerlo. Pienso que es un proceso interno que mi amiga, porque siempre lo será, debería vivirlo ya!!!. Pero hay algo malo aquí. Ella nunca sabrá mi real pensar y eso, eso sí que es una lástima. Y cerraré este episodio triste de mi adolescencia con estas últimas palabras; Los demás no son culpables de los malos actos que nos ocurren. Es uno quien los atrae, por ende la culpabilidad es consecuencia de lo absurdos y vulnerables que podemos llegar a ser. .
Ahora continuemos analizando. Mi llegada al colegio católico, que igual me proporcionó momentos muy hermosos, fue también especial. Ya más grandecita y consiente de algunos temores, a mitad de año llegué al Mater. Al principio mi madre tenía ciertos prejuicios acerca de que yo me educara en aquélla institución. Pero seamos francos. Mi querido colegio que me vio crecer, sí que tiene su prestigio en la comuna y porque no decirlo, dejo en mi excelente educación. Aunque la primera educación va por casa como dicen, estamos claros que transitar más de 8 horas diarias en un mismo lugar, pasa a ser en un dos por tres tu segundo hogar. Y sin duda que lo fue. Lo importante de referirme al colegio que acogió a niñas mimadas, soñadoras y por sobre todo luchadoras, pese a su exagerada educación perfeccionista el Mater tuvo y tendrá sus cualidades que lo hacen único. Es respetado, amado y hasta fue mil veces envidado por otros establecimientos de mujeres. Es que continuamente ganábamos todo. Barras Coca Cola, concursos varios; musicales, deportivos y culturales. Y para que contar lo bien que se pasaba en las exclusivas fiestas Mater, donde medio Maipú no dejaba de asistir. De eso tengo los mejores recuerdos, ya que nadie se perdía una fiesta de tal nivel!!!
Y me cae bien saber que siempre fui odiada. “Ahí va la top, la rucia desabrida… decían otras yeguas de otros niveles por ahí, pero a mi no me importaba, porque la protección extra especial estaba conmigo ya hace rato. Mejor evadir esos temas, porque siempre me han seguido ese tipo de comentarios mal intencionados. Porque esto es más interesante. Hablar de los sueños. Cuando tenía 7 años, nunca se iba de mi mente aquel pensamiento; “cuando grande quiero ser modelo”. JAaa. Es que no hay pendeja en este mundo que no quiera serlo; asimismo no dejaba de gustarme la segunda opción. Ser azafata. Jjaajaj. Es que me agradaba todo lo relacionado con la estética, los idiomas y soñaba con viajar, sin parar: y en este punto me quiero enfocar. Cuando uno quiere algo con todas las ganas, pareciera que las cosas llegan, con el hecho de sólo pensar en ellas. Como que se da una especie de onda electromagnética que llega hasta lo que tú más deseas y te alcanza. Bueno eso es lo que sentí, cuando uno de mis deseos, el de ser modelo se hizo realidad. Aunque no fue en Paris, ni en las grandes pasarelas, esto sucedió. Lo bello es que era la modelo pequeñita del staff que estaba trabajando para una importante marca nacional. Mi madre me sacó muchas fotos y lo que encuentro ultra Chic, es que modelé en Bikini de los colores que me gustan. Las evidencias de mi pequeño desfile están y cuando veo las fotos me da risa saber que igual me salí con la mía. Jaajja. Que agrado saber que sí fui modelo!!!
