26 noviembre 2006

Empezar otra vez

Realmente esto apesta. Molesta el hecho de sentir y respirar lo que no quiero hace tiempo. A estas alturas después de tanto huracán y sucesos impensados, no queda más que esperar lo que venga. Me pregunto si la vida, el destino, o simplemente Dios castiga nuestros actos. No comprendo por qué tenemos que pasar por algo que no queremos otra vez. La respuesta es nula. Mi respuesta no tiene coherencia y sentido, porque la verdad es que nada de esto se asemeja a lo que he vivido. Pero estoy paciente, pese a mi exagerada y desagradable intolerancia. Creo en que estos motivos son la esencia de mis cambios imprevistos y de la lógica de mi madurez por estos tiempos. Una madurez que me ha acompañado desde que mi vida se ha vuelto un caos. Entonces parece que siempre he sido fuerte. Sí, claro que sí. Porque después de que tus padres se separen cuando tú eras una nenilla, que vivas por más de 22 años junto a tus hermosos abuelitos y que ya toda una mujer vivas por un tiempo con tu progenitor otra vez, no es menor. Ahora toda mi vida se convierte en una batalla; una batalla de la que por tiempos he salido victoriosa y he podido obtener ese rico equilibrio que todo ser humano suele buscar, pero no muchas veces encontrar. Ahora, con mi fuerza y coraje innato sigo mi camino tratando de lograr mis victorias, porque pese a que han sido pocas, éstas las he ganado yo sola. Yo acompañada de ti, he podido salir delante de tanta estupidez transitando. Y de esta misma forma con las herramientas y educación heredadas de mis incondicionales “Ángeles Guardianes”, seguiré mi batalla, hasta alcanzar mi anhelada meta de tener mi hábitat; de por fin decir ahora sí estoy en mi hogar.

09 noviembre 2006

Cuentos urbanos



Mi abuelita

Son las 7 de la mañana. Se levanta cansada, pero su mente está concentrada en las 50 empanadas. Estuvo hasta tarde haciendo el pino. Mientras hacía la masa, sus dolores aumentaban, su joroba crecía, sin embargo, el arduo trabajo al otro día era recompensado. Necesito la platita diosito, se decía, mientras llevaba su carrito camino a la feria. Pasada una hora, su petición era concedida. Mercadería vendida. Con ganancias, pero bastante agotada, camina a su hogar, esperando que el próximo martes y viernes sea igual. Pero lo que realmente deseaba mi abuelita era no volver a trabajar nunca más.

07 noviembre 2006

Dormida


Tengo sueño. Sí, muchísimo sueño, de esos tan intensos que ni una Coca-Cola bien helada en la mañana es capaz de despertarme con su espumoso y a la vez fresco sonido. No, nada de eso ni menos el máximo ruido es apto de sacudir el más inmenso de mis sueños. Todo es inútil. Y me pregunto el por qué de mi cansado sueño, de mi profundo dormir por estos días soleados y hermosos, pero como sé lo que verdaderamente es, mejor cayo. Escondo las verdaderas razones del cansancio extremo y de mi ánimo por el suelo. Pero es que siempre pasa cuando vivo noviembre, mi mes. Siempre ocurre cuando se acerca mi suerte, cuando estoy a pasos de cumplir años…siempre pasa!!. Por lo mismo estoy tranquila, de que todo este huracán y confundidos días transitarán y no volverán jamás. Sí, porque tengo clarísimo que estos nostálgicos sentimientos afloran inevitablemente una semana antes del panorama. De todo esto, una buena enseñanza adquirí y que no estaba dispuesta a asumir. Ahora es encantador como cada vez conozco mis códigos y señales, donde puedo acertar en lo que realmente me pasará y se traduce en que una primavera más en mi vida equivale a un trocito de madurez, pero un trozo que eternamente dejará su huella en mí.