
Tengo sueño. Sí, muchísimo sueño, de esos tan intensos que ni una Coca-Cola bien helada en la mañana es capaz de despertarme con su espumoso y a la vez fresco sonido. No, nada de eso ni menos el máximo ruido es apto de sacudir el más inmenso de mis sueños. Todo es inútil. Y me pregunto el por qué de mi cansado sueño, de mi profundo dormir por estos días soleados y hermosos, pero como sé lo que verdaderamente es, mejor cayo. Escondo las verdaderas razones del cansancio extremo y de mi ánimo por el suelo. Pero es que siempre pasa cuando vivo noviembre, mi mes. Siempre ocurre cuando se acerca mi suerte, cuando estoy a pasos de cumplir años…siempre pasa!!. Por lo mismo estoy tranquila, de que todo este huracán y confundidos días transitarán y no volverán jamás. Sí, porque tengo clarísimo que estos nostálgicos sentimientos afloran inevitablemente una semana antes del panorama. De todo esto, una buena enseñanza adquirí y que no estaba dispuesta a asumir. Ahora es encantador como cada vez conozco mis códigos y señales, donde puedo acertar en lo que realmente me pasará y se traduce en que una primavera más en mi vida equivale a un trocito de madurez, pero un trozo que eternamente dejará su huella en mí.